2 de agosto de 2011

¡Alice, despierta! (Inspirado en American McGee's Alice)

-¿Alice? ¡Alice, despierta de una vez! Eres la niña más irresponsable que jamás haya conocido.

Oigo la voz de mi hermana, ¿por qué me gritará? Vaya, está muy enfadada, lo sé porque siempre que se enoja su cara se pone muy roja y no deja de tocarse el pelo. Al parecer me he quedado dormida de nuevo bajo la sombra del roble. Veo su silueta sosteniendo algo con la mano derecha. Esta ajado.



- Te has vuelto a quedar dormida en el jardín. Toma, tu dichoso conejo de peluche. Lo tenía un gato blanco, ¡casi lo destroza! Ten más cuidado la próxima vez, no me gustaría verte llorar como una Magdalena. Y para colmo la puerta trasera está rota. Si se cierra tendremos que saltar la valla y no pienso repetirlo.

Es tan pesada... Podría estar hablando todo el día. Me agarra la mano y tira de mi con fuerza.

-¡Ay Lizzie, me haces daño!

-Vamos, vamos. Mamá nos ha preparado la merienda. Si no nos damos prisa Dina se la comerá.

-Dina también tiene que merendar. ¿Le has puesto su plato de leche?

-Si, Alice, se lo he puesto.
...

- Alice, despierta. Oh Alice, eres tan imprudente, hija mía. Te has dejado dormir con la chimenea encendida.

¿La voz de mi madre? Oh no, otra vez me he dormido en el sofá. Mi madre está en camisón, debe ser muy tarde. Yo aún sigo vestida.

-Te traeré tu camisón nuevo. Creo que lo dejé en el mueble de la entrada. Mientras apaga el fuego.
Me levanto con pereza y obedezco mientras oigo su voz a lo lejos.

-Apágalo bien. Tu padre y su dichosa obsesión. ¡Tiene todas las paredes de la casa empapeladas! Si llegara a saltar una chispa nos asaríamos vivos. ¿Ya lo has apagado?

-Si, mamá. Me he quitado el vestido y los zapatos. Están muy sucios.

-Déjalos ahí, ahora los recojo. Ponte esto y vete a dormir.

-Buenas noches mamá.
...

Alice, despierta!¡La casa se quema!

Me despierto resaltada. Entra humo por debajo de la puerta. Tengo miedo. Intento salir pero me quemo las manos cuando toco la manilla. Dina maulla. Cojo mi peluche y me escondo en el armario.

Lizzie, la llave! ¡Abre la puerta, te vas a quemar!

No puedo parar de llorar. Dina sigue maullando y araña la puerta del armario. Abro y nada más hacerlo da un brinco hacia la ventana. La entendí perfectamente. Me está mostrando el camino. Mi padre sigue gritando.

Alice, sal de ahí, sálvate tú!

Estoy de pie, delante de mi casa, contemplando como arde. Hay mucha gente alrededor pero es como si no estuviera en su mismo mundo. Estoy lejos, distante. Solo oigo eco, como si sus voces estuvieran encerradas en botellas. Es culpa mía, no recuerdo si se apagó la última llama. Todos mueren por mi culpa. Todo se quema, mi casa, el roble, mi familia... No soporto este hedor. No... puedo... no...
...

- Alice, despierta. Tienes que tomarte tu medicación.

¿Qué hago aquí? Lizzie, Dina, ¿donde estáis? Las paredes son blancas, sus batas son blancas, todo es blanco en este lugar. No siento los brazos. Están atrapados en una camisa de fuerza. El aire roza mi cabeza y siento un escalofrío. Percibo que no tengo pelo, ya no cae sobre mis hombros.

- Paciente Alice Liddell. Diecinueve años. Síntomas de esquizofrenia y piromanía.

- Hoy está más tranquila. Póngale una dosis normal y esta vez no le quite el peluche. No le hace ningún daño y la tranquiliza.

- De acuerdo, doctor. Quieta Alice, no te pasará nada. Soy tu amigo.

Se acerca a mi con una jeringuilla. Me quedo inmóvil hasta que termina. Sigue hablándome como si fuera una niña estúpida. No puedo estar aquí. ¡No estoy loca! Fue un accidente. 
No puede ser. He destruido mi país de las maravillas.

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